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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ COMO INTERROGANTE
Título:
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ COMO INTERROGANTE(Edición Digital)
Subtítulo:
Autor:
JUAN JOSÉ ANTEQUERA LUENGO
Editorial:
FACEDICIONES
ISBN:
978-84-9986-017-6
Páginas:
98
Derechos sobre el eBook:
Compartir: 6 dispositivos permitidos.
También en formato:
papel
3,63 € Comprar
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Sinopsis

Este trabajo revela cómo pudo el joven Juan Ramón descubrir,

entre moniciones y endosferas, la poesía, el sentimiento latente; quiénes
pudieron asomarle, en su afán emotivo, a esa vía láctea compendio de las
artes, incluso a la azotea de la cosa pública, la prosa del enjambre; e
intenta comprender porqué -metafísica del paisaje niño- trasciende al préstamo
sin abandonar el romancero natal, pues todo empeño del intelecto conserva,
aparentemente novedoso, el sedimento que lo alumbró. Ahí, también, más allá de
una dimensión de hombre con raíces, la huella de sus maestros. La poesía de
Juan Ramón es poesía del pueblo. Como el cante del pueblo, nace de él, se
diluye en él, pero no es el pueblo sino su alma, el «arte popular minoritario»
de Molina y Mairena, sirviéndole el krausismo, en tanto dialecto vertido al
lenguaje del Universo, para construir su edificio poético, que parece natural,
espontáneo, acabado --a fuerza de precisión maniática, depurativa-- como una
sentencia flamenca no alterada por la literatura. Juan Ramón no es,
exclusivamente, un esteticista, un lírico «a la violeta», no dice ser algo que
no es, no aparenta. Se sitúa en un estadio intermedio entre la integración, la
no crítica al sistema como praxis de vida, y el inconformismo, la crítica
contestataria. No se opone o enfrenta, abiertamente, al poder. En ese 'hacer
lo que se pueda' radica un síntoma de vaguedad, de conformismo, sabedor que
tampoco pudo defender a ultranza a la república comoente complejo, sino a la
democracia (que da poder al pueblo para elegir su destino), el sistema de la
legitimidad, y, mucho más aún, a ciertos republicanos cuyas trayectorias
personales conocía, de los que admiraba sus ideales, sin contaminar o con leve
erosión. Está incomodado por la frustración, pero su sentido moral evita que
se corrompa, incluso que hostilice al sistema con salidas de tono. Como el
Rousseau de _El contrato social_, parece pensar que el hombre no debe ser
libre por lo que obtiene gracias a su libertad, sino que se es hombre cuando,
en verdad, se es libre.